A pesar de representar el 60% de la población del continente, los jóvenes africanos siguen excluidos del poder y del trabajo decente, con solo un 3% de los parlamentarios africanos menores de 30 años.

La explosión demográfica de África se despliega en todo su esplendor, pero la juventud del continente sigue siendo una fuerza silenciada. Mientras tanto, los líderes políticos y económicos parecen ignorar esta realidad, a pesar de que los jóvenes africanos son el futuro de la región.
Según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), solo el 10% de los jóvenes africanos tienen acceso a la educación superior. Es una cifra alarmante, especialmente cuando se considera que la educación es la llave para romper el ciclo de pobreza y alcanzar la prosperidad. Pero ¿qué sucede cuando los jóvenes africanos intentan encontrar trabajo? La respuesta es desoladora: el 70% de los jóvenes africanos se encuentran sin empleo o en empleos precarios. Es un escenario que se repite en todo el continente, desde Sudáfrica hasta Egipto, pasando por Nigeria, Ghana y otros muchos países. La juventud africana está atrapada en una trampa de pobreza y desesperanza, y los líderes políticos y económicos parecen incapaces de hacer nada para cambiar esto.
La juventud africana no tiene más que una cosa: esperanza. Pero esperanza es un lujo que no podemos permitirnos si queremos cambiar nuestro futuro.
Pero ¿por qué la juventud africana está siendo ignorada? ¿Por qué no se permite que los jóvenes africanos participen en la toma de decisiones políticas y económicas que afectan su futuro? La respuesta es simple: la juventud africana no tiene el poder ni la influencia necesarios para hacerse oír. Los líderes políticos y económicos del continente están dominados por una élite de ancianos que no tienen en cuenta las necesidades y aspiraciones de la juventud. Es un círculo vicioso que se repite en todo el continente, y que está condenando a la juventud africana a la pobreza y la desesperanza.
Entonces, ¿qué sucede a continuación? ¿Podrá la juventud africana romper este círculo vicioso y hacerse oír? La respuesta es incierta, pero hay señales de esperanza. En algunos países, como Kenia y Tanzanía, hay movimientos juveniles que están luchando por una mayor representación y participación política. También hay organizaciones que están trabajando para brindar educación y capacitación a los jóvenes africanos. Es un comienzo, pero hay mucho trabajo por hacer. La juventud africana está dispuesta a luchar por su futuro, y es hora de que los líderes políticos y económicos del continente se den cuenta de que la juventud es el futuro de África.
La población africana sub-25 años crece a un ritmo de 2,5% anual, lo que significa que la juventud africana será la fuerza dominante en el continente en las próximas décadas.